Matilde Marín entiende el viaje como un acto de conocimiento profundo, y ha hecho de él un dispositivo epistemológico y una metodología discursiva. Es para ella condición existencial. Su práctica fotográfica se funda en el desplazamiento: recorrer, atravesar, demorarse. Los distintos paisajes que su obra observa y despliega -naturales, humanos, urbanos, simbólicos- van más allá de la experiencia sensible: ensayan un diálogo filosófico, estético y ficcional con un mundo en transformación permanente.

Matilde Marín se define como una artista testigo. Indaga tanto en los grandes espacios naturales -glaciares, montañas, alturas desoladas, ríos que parecen infinitos- como en los laberínticos y a veces estrechos espacios humanos: pasadizos, interiores ajenos, zonas intermedias y hasta obras de arte. Su mirada opera como un gran angular y como un lente macro: es capaz de captar vastas extensiones y, a la vez, minúsculas superficies que devienen inmensas en un sofisticado juego de distancias. Todo es experiencia. Todo es relato. Y si bien la posición de testigo genera cierta lejanía con aquello que su obra muestra, no es cronista ni se juega por el documento. Hay en su trabajo una dimensión subjetiva -autobiográfica incluso- que se manifiesta tanto en las tomas como en las sutiles intervenciones digitales que introduce luego en las imágenes.

 

 

Editorial: Verde latente

Año de publicación: 2026

Páginas: 324

Medidas: 23x 28 cm

Encuadernación: tapa dura

ISBN 9786319175707

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Matilde Marín entiende el viaje como un acto de conocimiento profundo, y ha hecho de él un dispositivo epistemológico y una metodología discursiva. Es para ella condición existencial. Su práctica fotográfica se funda en el desplazamiento: recorrer, atravesar, demorarse. Los distintos paisajes que su obra observa y despliega -naturales, humanos, urbanos, simbólicos- van más allá de la experiencia sensible: ensayan un diálogo filosófico, estético y ficcional con un mundo en transformación permanente.

Matilde Marín se define como una artista testigo. Indaga tanto en los grandes espacios naturales -glaciares, montañas, alturas desoladas, ríos que parecen infinitos- como en los laberínticos y a veces estrechos espacios humanos: pasadizos, interiores ajenos, zonas intermedias y hasta obras de arte. Su mirada opera como un gran angular y como un lente macro: es capaz de captar vastas extensiones y, a la vez, minúsculas superficies que devienen inmensas en un sofisticado juego de distancias. Todo es experiencia. Todo es relato. Y si bien la posición de testigo genera cierta lejanía con aquello que su obra muestra, no es cronista ni se juega por el documento. Hay en su trabajo una dimensión subjetiva -autobiográfica incluso- que se manifiesta tanto en las tomas como en las sutiles intervenciones digitales que introduce luego en las imágenes.

 

 

Editorial: Verde latente

Año de publicación: 2026

Páginas: 324

Medidas: 23x 28 cm

Encuadernación: tapa dura

ISBN 9786319175707